Que recónditas basuras
forman la montaña de todo este estiércol
... boñiga esparcida sobre la otrora pureza
que supo brillar y llenarse de vida.
.
Que alojó tantas esperanzas
y una fe inconsciente en la prolongación
-casi eterna- de la suma de todas las dichas
y las alegrías interminables del mañana.
.
Ilusiones de las almas jóvenes
envueltas en cuerpos vigorosos,
que nada del tiempo conocen
ni imaginan los menoscabos del obligado viaje.
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Autor: Jorge Horacio Richino
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